Recibido: 10/11/2024, Aceptado: 25/01/2025, Publicado: 18/03/2025
Volumen 28│Enero-Diciembre, 2025
Ensayo
Atravesando el
Caribe: Literaturas de Cuba y México. El
Neoclasicismo
Crossing the Caribbean: Literatures of Cuba and
Mexico. Neoclassicism
Mtra. Yamile
Fortunata Arrieta Rodríguez1
E-mail: yamile.arrieta@academicos.udg.mx
https://orcid.org/0000-0002-7311-3976
1Centro
Universitario de los Lagos. Universidad de Guadalajara. México.
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¿Cómo citar este artículo?
(APA, Séptima edición)
Arrieta Rodríguez, Y. (2025). Atravesando el
Caribe: Literaturas de Cuba y México. El Neoclasicismo. Pedagogía y Sociedad, 28, e1943. https://revistas.uniss.edu.cu/index.php/pedagogia-y-sociedad/article/view/1943
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RESUMEN
Desde finales
del siglo XVIII e inicios del XIX, tanto la literatura cubana como la mexicana
experimentaron una evolución significativa que fue marcada por la corriente
literaria europea del Neoclasicismo. Esta corriente, originada, en Francia, fue
la vía de los escritores hispanoamericanos para comenzar a establecer un
proceso diferenciador entre la literatura colonial y la española e influyó
profundamente en la producción literaria de estos países. Establecer un estudio comparativo entre la
literatura cubana y mexicana decimonónica, identificando la relación que existe entre los autores y las
obras literarias del neoclasicismo de México y Cuba; permitirá comprender las complejas dinámicas culturales y
sociales de la época en que se origina y en la que los escritores encuentran
temas comunes a pesar de los diferentes contextos en que se desarrolla, ofreciendo una visión
más completa de la riqueza y diversidad de la literatura en América Latina.
Palabras
clave: Cuba; literatura; México;
neoclasicismo
ABSTRACT
From the late 18th and early 19th
centuries, both Cuban and Mexican literature underwent a significant evolution
that was marked by the European literary current of Neoclassicism. This
current, originated in France, was the way for Latin American writers to begin
to establish a differentiating process between colonial and Spanish literature
and had a profound influence on the literary production of these countries. To
establish a comparative study between 19th-century Cuban and Mexican
literature, where the relationship between the authors and literary works of
neoclassicism in Mexico and Cuba are identified, will allow understanding the
complex cultural and social dynamics of the era in which it originated. An era
in which writers found common themes despite the different contexts in which it
developed, offering a more complete vision of the richness and diversity of
literature in Latin America.
Keywords: Cuba; literature; México; neoclassicism
Introducción
La literatura a lo largo de la historia se ha
convertido en un vehículo difusor de la cultura de una nación, un país, una
comunidad; no sólo a través del mensaje escrito, sino también de esa expresión
literaria oral que se transmite de generación en generación, la que contribuye a
afianzar las identidades culturales y nacionales. Permite conocer e indagar en las
raíces de los pueblos y en este caso en la riqueza latinoamericana; pues a
través de ella se expresan tradiciones, costumbres, luchas históricas, procesos
de identificación y diferenciación, enfrentamientos de oprimidos contra
opresores, protagonismo del indígena, el negro y el mestizo por su
visibilización, en la conformación de la cultura y defensa de las raíces.
La literatura
hispanoamericana y la española comparten una raíz común, pero se distinguen
principalmente por los contextos en los que surgen y las influencias culturales
que las moldean. Mientras que la literatura española se enmarca dentro de la
tradición europea, la hispanoamericana nace de la interacción entre múltiples
culturas y refleja una realidad completamente diferente. Referirse a
sus inicios implica establecer puntos de contactos y de diferencias.
Dentro de los puntos
de contactos: esta literatura se nutre de la tradición literaria hispana, ya
que los primeros colonizadores y escritores de América Latina en su mayoría
eran españoles, lo que influyó en la lengua, las formas literarias y los
géneros utilizados. Tanto en América como en España, en los primeros siglos predominan
las obras de carácter religioso o moralista, a los que se añaden la versión de
la conquista escrita por españoles.
A
esto se añade el tomar modelos europeos prestados como el neoclasicismo, romanticismo
y realismo, ante la ausencia de una corriente propia que a finales del siglo
XIX se alcanzaría con el nacimiento del modernismo. Estas corrientes antes
mencionadas sirvieron para expresar las inquietudes existentes, en las que el
criollo se va identificando con su terruño natal para ir estableciendo
diferencias con la metrópoli. De forma temprana en la literatura se
abordan temas únicos, como la naturaleza exuberante del continente, el
mestizaje racial y cultural, la vida de los indígenas, la esclavitud y las
realidades sociales de las colonias sin soslayar el reflejo del sincretismo
cultural que surgió de la mezcla entre las tradiciones de los diferentes
componentes étnicos que interactuaron indistintamente en ambos países.
Dentro de los
elementos diferenciadores: esta literatura que va surgiendo y afianzándose con
el tiempo, responderá a contextos y particularidades de cada una de las
regiones en las que se desarrolla. La literatura
hispanoamericana surge en un contexto completamente diferente al de España; el
encuentro entre los colonizadores españoles y las culturas indígenas y
africanas entre otras, generó una nueva realidad que influyó profundamente en
la creación artística y literaria. En Hispanoamérica y el Caribe, estas
culturas jugaron un papel fundamental en la formación de una identidad
literaria propia, que dio lugar a una riqueza y mestizaje cultural más evidente
en la literatura hispanoamericana que en la española.
En
cuanto a los orígenes de esta literatura en México y Cuba también existió
unidad y diversidad: la literatura post conquista estuvo marcada profundamente
por la influencia española, de allí que los primeros textos literarios en ambos
países fueron escritos en español y reflejaron las estructuras y formas
literarias europeas de la época, como la poesía y la prosa barroca. En ambos
países, los misioneros españoles desempeñaron un papel crucial en la producción
literaria, los textos religiosos, como sermones, catecismos y crónicas
misioneras, fueron comunes y estuvieron orientados a la evangelización de las
poblaciones indígenas y esclavas. Estas crónicas se convirtieron en una forma
temprana de literatura, escrita por conquistadores, religiosos y cronistas, que
narraban los eventos de la conquista, así como la vida en las nuevas colonias.
El primer punto de
diferencia se encuentra con respecto a la población indígena. En México, la
herencia indígena precolombina fue mucho más fuerte que en Cuba, pues contaba
con una rica tradición literaria en náhuatl[1]
y otras lenguas antes de la llegada de los
españoles. Luego de la conquista, esta tradición continuó en cierta medida,
especialmente en la poesía, los códices y otros documentos indígenas, algunos
de los cuales fueron escritos con caracteres latinos. En Cuba, esta población
fue rápidamente diezmada tras la conquista, lo que limitó la continuidad de las
tradiciones literarias autóctonas, por ello la literatura cubana temprana se
desarrolló principalmente en un contexto hispano sin un legado literario de sus
culturas originarias significativo.
Un segundo aspecto aparece
con la presencia de los diversos componentes étnicos, la literatura cubana
recibió una mayor influencia africana debido a la economía de plantación que
trajo consigo la introducción de mano de obra esclava, que en la cultura y la
literatura fue mucho más pronunciada que en México. Con el tiempo, esta cultura
se manifestó a través de temas, formas y estilos que reflejaban la herencia
africana, y alcanzó su mayor auge con la novelística antiesclavista del siglo
XIX. En México, aunque también hubo una población de origen africano en
determinadas zonas, su influencia en la literatura no fue tan significativa
como en Cuba, pues tuvo un mayor peso la influencia indígena.
Estas similitudes y diferencias reflejan las trayectorias distintas que tomaron
ambos países en el desarrollo de sus literaturas nacionales, moldeadas por las
circunstancias históricas, sociales y culturales de cada uno.
Durante estos siglos de conformación
de la sociedad colonial en América, no se puede obviar la presencia del
criollo, que jugó un papel primordial en el nacimiento y desarrollo de
sentimientos nacionalistas e independentistas, reflejados también en la
literatura; con la llegada del neoclasicismo son los criollos quienes comienzan
a establecer diferencias con respecto a la literatura española.
La
identidad, la conciencia, el sentido de pertenencia que se va desarrollando en
estos hombres nacidos en suelo americano, se traduce en un concepto mucho más
amplio: la cultura cubana y la cultura mexicana, donde lo racial y la
pigmentación de la piel no es lo que los define sino la construcción de una
nueva cultura, ajustándose perfectamente a esta realidad el concepto de
transculturación de Fernando Ortiz que aparece en su obra Contrapunteo
cubano del tabaco y el azúcar, publicada en 1940.
Por tanto, este ensayo tiene el
objetivo de Establecer un estudio
comparativo entre la literatura cubana y mexicana decimonónica, identificando
la relación que existe entre los
autores y las obras literarias del neoclasicismo de México y Cuba.
Desarrollo
Durante los siglos
XVII y XVIII, los criollos comenzaron a desarrollar una identidad propia, que
se consolidó en gran medida a través de la defensa de sus derechos frente a los
españoles y de la valorización de la cultura local, incluida la literatura, la gastronomía,
las costumbres, los modos de expresión, el amor y admiración por el terruño que
los vio nacer, la admiración por un continente que se va develando
ante sus ojos y para el que quieren un futuro diferenciado de la España conquistadora
y todo este sentido de pertenencia se traduce en la identificación con el
terruño natal, luego patria, en el nuevo
“marco geográfico humano”.
A mediados del siglo
XVIII en Francia, aparece un nuevo estilo: el neoclasicismo, que tuvo como base
la renovación del mundo de la antigüedad y el culto a la razón. Sus
antecedentes se encuentran en el desarrollo de la ilustración, con ideas
renovadoras que defendían la razón y el
conocimiento a fin de fomentar el progreso; el descubrimiento de las ruinas de
Herculano y Pompeya sepultadas por el volcán Vesubio, que incentivaron la
admiración por la antigüedad; la Revolución Industrial que transformaría los
modos de producción y la Revolución Francesa.
Esta
corriente se extendió a todas las manifestaciones artísticas en Europa y en
este mismo siglo llega a América, pero con marcadas diferencias; en la
literatura la poesía es neoclásica en
la forma, pues no abandona el endecasílabo, prefieren la oda y la silva, alusión
a la mitología; pero en los temas dentro de esa rigidez neoclásica aparecen: la
libertad y el patriotismo, así como el sentido de pertenencia y amor a su
suelo.
El neoclasicismo fue un movimiento artístico y literario que se proponía
la recuperación y la renovación de los valores filosóficos y estéticos de la
Antigüedad Clásica y el culto a la razón, sembró las semillas para los cambios
políticos como la supresión de la monarquía absolutista y cimentó las bases
para la separación de los poderes del estado y la iglesia. Los poetas, los
narradores y los dramaturgos asumieron el principio de los filósofos para
componer y para justificar sus creaciones literarias orientadas por el
propósito de entender y de mejorar la condición humana. (Hernández Guerrero,
2022, p. 6)
El Neoclasicismo
literario tanto en México como en Cuba, que se desarrolló principalmente a
finales del siglo XVIII y principios del XIX, se enmarcan en un contexto
histórico caracterizado por profundos cambios políticos, sociales y económicos. En México de 1781 a 1821, años en que el
país experimentó transformaciones significativas
que culminaron con su independencia de España.
En Cuba de 1790 a 1821.
Durante
el período colonial tardío de 1781 a 1808 la economía de la Nueva España (México
colonial) dependía de la minería, la agricultura y el comercio, con una
sociedad altamente estratificada, y una élite de origen español y criollo que
dominaba a la población indígena y mestiza. En Cuba la llegada de los Borbones al poder y el
establecimiento de su dinastía en el siglo XVIII, trajo consigo una serie de
transformaciones con la implementación de
reformas políticas y sociales, así como el desarrollo de este estilo europeo,
pero adaptado a las características de cada país.
El siglo XVIII es
amplio en cuanto a acontecimientos internacionales que contribuyen de forma directa o indirecta a
transformar realidades: la independencia de las trece colonias y el nacimiento
de los Estados Unidos, así como la Revolución Francesa que dio origen a la Declaración
Universal de los Derechos Humanos, enviaron un mensaje de libertad
a las colonias del mundo. Estos aires de igualdad, paz y fraternidad pronto
encontraron eco en México y Cuba.
La Revolución de Haití
(1791-1804), que culminó con la independencia del país y la abolición de la
esclavitud, tuvo un impacto significativo en todo el continente americano, al
ser la primera revolución en la región del Caribe liderada por esclavos que logró
derrocar a un poder colonial y establecer una nación libre, lo que sirvió como
un potente ejemplo para los movimientos independentistas en América Latina; de
allí que en México lideres como Miguel Hidalgo y José María Morelos vieron en
Haití un ejemplo a seguir en la lucha contra la dominación española. En el caso
de Cuba, aunque los criollos no adoptaron de inmediato las ideas
abolicionistas, la lucha haitiana contra el colonialismo y el racismo influyó
en el pensamiento de futuros movimientos independentistas en la isla.
Este acontecimiento
también desató un gran miedo al negro, por ello en México significó el temor de
que las ideas de emancipación y la rebelión de esclavos pudieran expandirse
entre su población africana y mestiza, de allí que las autoridades intentaron suprimir
cualquier tipo de sublevación social. En Cuba trajo una fuerte migración de
colonos franceses, junto con sus esclavos, que se establecieron en la región
oriental, especialmente en Guantánamo y Santiago de Cuba, impulsando el
desarrollo de la producción de azúcar y café mientras que en lo cultural
aportan la tumba francesa.
A esto se añade que, la destrucción de la industria azucarera
haitiana, que hasta entonces había sido la más productiva del Caribe, permitió
que Cuba tomara su lugar como el principal productor mundial de azúcar, lo que
fue posible gracias a las inversiones para su producción, pero también requirió
de un incremento de mano de obra esclava ocasionando que la población africana superara a la población blanca,
dando lugar a dos actitudes en la clase
terrateniente: una actitud vacilante con respecto a iniciar un movimiento
revolucionario frente a España y un peor trato a los esclavos por temor a que
se rebelaran. Sin importar el rigor de las leyes establecidas por la Corona,
ante el miedo al negro, no pudieron evitarse las sublevaciones de esclavos.
Otro acontecimiento que repercute en
ambos países de forma diferente fueron las reformas borbónicas, implementadas
por la monarquía española en el siglo XVIII que tenían como objetivo modernizar
y centralizar el dominio sobre las colonias para incrementar la eficiencia
administrativa y fiscal de España.
En el caso de Cuba
estuvieron centradas en mejorar el control sobre el comercio y la producción de
azúcar, tabaco y otros productos, fomentando el monopolio comercial con España
y eliminando algunas barreras para el comercio con otros territorios del imperio.
A partir de estas reformas, la isla se benefició de una mayor inversión en
infraestructura, con la creación de puertos y caminos, lo que facilitó su
integración al comercio; por otra parte debido a su ubicación estratégica en el
Caribe, se mejoraron las fortificaciones, a lo que se añade la reorganización
del sistema de gobierno para tener mayor control directo de la metrópoli. Sin
embargo, en lugar de lograr una autonomía, los cargos importantes siguieron
siendo ocupados por funcionarios designados directamente desde España.
Mientras que, en
México, se establecieron intendencias para mejorar la administración
territorial y reducir la corrupción en el virreinato, se implementaron nuevas
tasas impositivas. También buscaron reducir el poder de la Iglesia Católica,
que hasta ese momento contaba con una gran influencia en la política y la
economía, se expropiaron propiedades eclesiásticas y se intentó limitar el
control que ejercían las órdenes religiosas. Las reformas acrecentaron las
tensiones entre criollos y peninsulares, aumentando el resentimiento hacia las
autoridades españolas, lo que se convirtió en un factor importante para la
gestación del movimiento independentista de 1810.
Cuba experimentó un
crecimiento económico más sostenido debido a las reformas, con una expansión de
la producción azucarera y del comercio, aunque esto también intensificó la
esclavitud y las desigualdades sociales. México, en cambio, vivió un deterioro
en las relaciones entre la metrópoli y las élites locales, además de un creciente
descontento popular que condujo a la lucha por la independencia.
Por otra parte, no se pueden soslayar las
ideas de la ilustración, que llegaron a la Nueva España[2] a través de Europa,
especialmente desde Francia y España. Intelectuales criollos y mestizos
adoptaron estas ideas ilustradas que cuestionaban el poder absoluto del rey, la
estructura colonial y las injusticias sociales.
“Por los caminos de Hispanoamérica transitaron también
los aires de cambio y modernidad que trajo la ilustración, sobre todo las ideas
de libertad que pronto redundarían en los movimientos independentistas y el
consiguiente nacimiento de las nuevas repúblicas” (Márquez-Montes, 2023, p. 149).
Los ilustrados
mexicanos comenzaron a plantear la necesidad de reformas políticas, económicas
y sociales que favorecieran a la población criolla y otros sectores marginados
por el sistema colonial. Con respecto a estas ideas en América se expresaba: “La Ilustración en Hispanoamérica se acompaña de
conciencia histórica y afianza las raíces de un patriotismo honesto y decoroso
donde la dignidad del criollo crece en la idea de heredar la hacienda americana
que por nacimiento le correspondía” (Fregoso Gennis,
2008, p. 235). Sin embargo, no se puede sustentar que la ilustración fuera el
elemento que detonaría la guerra de independencia, sino un factor que influyó,
por supuesto, pero ese sentimiento de lucha derivó de un largo proceso donde
intervinieron varios factores y contextos que dieron al traste con el
surgimiento de un sentimiento patriótico.
Por ello la autora
se adscribe al planteamiento de Fregoso Gennis (2008),
que expresa:
Si bien es cierto que
la aristocracia criolla recibió la influencia de las ideas ilustradas y supo
aplicar parte de ellas en la reivindicación de su posición frente a la
metrópoli española, sería muy arriesgado asegurar que los criollos se hicieron
revolucionarios a causa de la Ilustración. En realidad, ésta actuó como
catalizador en un momento político e históricamente coyuntural; las condiciones
estructurales coloniales en lo que compete al tiempo largo conformaron una
identidad americana, que, unida a las condiciones económicas y políticas
desfavorables para los criollos, generó la respuesta independentista. (p. 237)
Todo
este descontento que venía manifestándose contribuye al surgimiento de diversas
corrientes ideológicas, de allí que, tanto en México como Cuba, las ideas de la
Ilustración, junto con los principios liberales nacidos de la Revolución
Francesa y la Independencia de Estados Unidos, fueron fundamentales en la
formación de estas corrientes.
El 16 de septiembre de 1810, Miguel Hidalgo y Costilla
lanzó el Grito de Dolores, marcando el inicio de la Guerra de Independencia,
que culmina cuando el 27 de septiembre
de 1821, el Ejército Trigarante entró en la Ciudad de México, consumándose así
su independencia, mediante los tratados de Córdoba firmados el 24 de agosto de
1821 entre Iturbide y el enviado español Juan O'Donojú, que reconocieron la
independencia del país y establecieron las bases para la formación de un nuevo
estado mexicano. Este período de 1810 a 1821 en Cuba se caracterizará por el
surgimiento de diversas corrientes ideológicas (primer reformismo, corriente
ilustrada de 1802, primer independentismo) que prepararán el camino para el
inicio de las gestas de independencia, sobresaliendo la figura del presbítero
Félix Varela el primero en introducir el concepto Patria, que alcanzaría su
máxima expresión con José Martí.
En el aspecto
cultural en México sobresalen los aportes de los jesuitas y
franciscanos a la educación, pues su labor no solo moldeó la vida espiritual, sino
que también influyó en la cultura y la sociedad, facilitando la creación de una
identidad mestiza.
Los franciscanos promovieron la conversión de los
pueblos indígenas mediante la construcción de iglesias y misiones en regiones
estratégicas, como en el centro de México, integrando ciertos elementos
indígenas a la religiosidad cristiana para facilitar la aceptación del nuevo
sistema de creencias, lo que se tradujo en un sincretismo religioso que
combinaba elementos de la cosmovisión de las culturas originarias con prácticas
católicas. También se encargaron de enseñar a los indígenas oficios artesanales
y agrícolas y fueron responsables de la preservación y adaptación de ciertas
lenguas originarias, como el náhuatl, que emplearon para la traducción de
textos religiosos. Esto permitió que la identidad de los pueblos originarios no
se perdiera completamente y se fusionara con la nueva fe cristiana, dando lugar
a una cultura mestiza.
Los jesuitas por su parte se centraron más en la
educación de la élite criolla y mestiza, fundaron además colegios y
universidades en las principales ciudades de la Nueva España, como el Colegio
de San Ildefonso en la Ciudad de México, contribuyendo al desarrollo
intelectual y cultural de la colonia. Formaron a una generación de criollos que
más tarde desempeñarían un papel clave en la independencia de México.
Ambas
órdenes influyeron profundamente en el desarrollo de una identidad nacional
mexicana, que sigue siendo visible en la cultura y la religiosidad del país.
En la arquitectura el estilo barroco comienza a llegar
a América con la expansión del imperio español y portugués; inicialmente, este
barroco temprano fue importado directamente de Europa, alcanzando su madurez a
mediados del siglo XVIII. Fue una época de abundancia en la ornamentación
religiosa, especialmente en las zonas más ricas de América colonial como
México, Perú y Brasil. Este estilo floreció en el continente adaptándose a las
particularidades de cada país y a la fusión de culturas indígenas, africanas y europeas.
En Cuba se desarrolló influenciado por
el estilo barroco europeo, pero adaptado a las condiciones climáticas,
materiales locales y la creatividad de los artesanos criollos, dejando un
legado significativo en las ciudades coloniales de la isla, como La Habana,
Trinidad, Santiago de Cuba y Camagüey.
A diferencia de otros países latinoamericanos, fue más
sobrio y menos ornamentado, debido a factores económicos y a la ubicación
estratégica de la isla, que priorizaba la construcción de fortificaciones sobre
las edificaciones religiosas. Las fachadas de las iglesias y edificios civiles
se enfocaban más en el uso de piedra coralina y en la incorporación de
elementos decorativos, pero con menos exuberancia que en México o Perú. La
Catedral de La Habana, uno de los ejemplos más emblemáticos del barroco cubano,
refleja esta combinación de sobriedad con ornamentos moderados. Las iglesias de
Trinidad y Santiago de Cuba también exhiben influencias barrocas adaptadas al
contexto cubano.
Aparecen no solo
los edificios de gobierno, sino las grandes casonas con sus patios interiores y
amplias galerías alrededor de un patio central para proporcionar ventilación y
luz a la vivienda, se incluyen los soportales para protegerse del sol,
transitar y traficar mercancía y los trabajos en madera muestran
ornamentaciones en balcones, ventanas y puertas; a lo que se añade el uso de la
piedra conchífera, con sus formas elegantes. Destacan las viviendas de: casa de
Arrate, casa del marqués de Torre, casa del Conde Bayona, etc.
Por su parte en México mostró una mayor elaboración,
influenciado por la riqueza minera y la importancia del virreinato de la Nueva
España. Se extendió entre los siglos XVII y XVIII, y alcanzó su apogeo en el
siglo XVIII, al igual que en Cuba, con la construcción de imponentes iglesias,
conventos y edificios civiles. Los retablos de las iglesias estaban cubiertos
de grandes detalles, dorados, esculturas, y una mezcla de motivos indígenas,
cristianos y europeos. Se desarrollaron diversas variantes arquitectónicas
dentro del barroco mexicano, en
muchos casos está presente el horror vacui[3] (tanto en interiores como
exteriores), sobre todo en la variante conocida como la churrigueresca el más
elaborado de los barrocos que se dieron en México. Aunque tuvo una base europea
fue hecho para adaptarse a los gustos criollos,
mostrando una “síntesis de las tradiciones estéticas españolas y amerindias”.
Obras como la Catedral
Metropolitana en la plaza central de la Ciudad de México; la Catedral de Puebla; Catedral de nuestra Señora de
la Asunción, Oaxaca; la Iglesia de Santa Prisca y San Sebastián en Taxco son algunos de los ejemplos más impresionantes del
barroco mexicano. En Cuba fue un estilo menos recargado y enfocado a la
funcionalidad, mientras que en México destaca un enfoque en la ornamentación
detallada, mezclando motivos europeos e indígenas.
Y por supuesto se inician los estudios
académicos en la pintura; para 1781 ya México cuenta con la Academia de San
Carlos, en honor al rey Carlos III, que se convierte en la institución
encargada de capacitar a los llamados “naturales”, con profesores españoles que
se regían por los modelos franceses, ingleses y españoles. Es la primera
escuela de arte y arquitectura en el continente americano y desde su fundación,
fue un referente en la enseñanza artística, promoviendo el estudio del dibujo,
la escultura, la pintura y, posteriormente, la arquitectura; marcando un antes
y un después en la formación de artistas en México.
En el arte coexisten el academicismo y el arte
popular, con la llegada de los conquistadores españoles,
el arte popular mexicano experimentó una fusión de influencias indígenas y
españolas.
La creación por ejemplo de la cerámica de talavera,
representativa de los estados de Puebla y Tlaxcala, con sus diseños de colores,
y que decir de los Alebrijes, esas figuras fantásticas que
muestran un dominio de la cartonería a la que se incorporan alegres colores o
el arte huichol como forma de
comunicación con el mundo de los dioses, además de convertirse en una vía para
narrar sus historias; por otra parte, el manejo de las chaquiras y el estambre
muestran el dominio de una técnica que requiere no solo paciencia, sino también
mucha precisión, sin dejar de mencionar los retablos pinturas devocionales que muestran escenas
religiosas y se utilizaban tanto en los hogares como en las iglesias.
La pintura cubana del
siglo XVIII estuvo influenciada por el contexto colonial y las corrientes
artísticas europeas, especialmente el barroco. Durante este periodo, la
producción artística fue principalmente religiosa, destinada a decorar iglesias
y conventos, aunque también comenzaron a surgir retratos y obras de carácter
civil. Los artistas, en su mayoría anónimos o formados en talleres locales,
trabajaron con técnicas tradicionales y materiales limitados, adaptándose a las
necesidades de la época.
Sobresalen
las pinturas murales ejecutadas por Nicolás de la Escalera, en la iglesia
parroquial de Santa María del Rosario, donde por vez primera aparece la figura
de un negro esclavo que indicaba a su amo las propiedades del agua mineral en
la zona. Otros pintores criollos son: José Nicolás de la Escalera y Domínguez
(1734 – 1804), Juan del Río (1748 – 1846) y Vicente Escobar y de Flores (1762 –
1834), quienes además del retrato cultivaban la pintura de temática religiosa.
Debido
el sentir ilustrado del obispo habanero Juan
José Díaz de Espada y Fernández de Landa y del intendente general de Hacienda y
director de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, don Alejandro
Ramírez, se funda, el 12 de enero de 1818, en una de
las aulas del convento San Agustín la Escuela Gratuita de Dibujo y Pintura de
La Habana, que luego se convertiría en la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro, siendo la academia de arte más antigua de la isla,
que contó con la dirección del francés Juan Bautista Vermay, patriarca del neoclasicismo francés que inicia la
pintura academicista que dominará la
isla hasta entrado el siglo XX.
Ambas
academias fueron influenciadas por modelos europeos de enseñanza artística,
especialmente de la Academia de San Fernando en España y las academias de arte
italianas y francesas. Las academias de San Carlos en México y de San Alejandro
en Cuba comparten muchas semejanzas en términos de su origen, objetivos y
modelos educativos, convirtiéndose en pilares en el desarrollo y la
profesionalización del arte, contribuyendo a la formación de artistas y a la
configuración del patrimonio cultural y artístico de México y Cuba.
La influencia de la Ilustración se manifestó en un
marcado interés por la educación y las ciencias, por lo que se fundaron
instituciones educativas y científicas para promover el conocimiento y la
razón, siguiendo los ideales neoclásicos de claridad y orden. Se crean
academias y sociedades literarias que promovieron el estudio y la imitación de
los clásicos grecorromanos, siendo cruciales para la difusión de las ideas
neoclásicas y el desarrollo de una literatura comprometida con la educación y
la moral; por último y no menos importante la expansión de la imprenta facilitó
la difusión de obras literarias, científicas y filosóficas. Libros, folletos y
periódicos son vehículos importantes para la transmisión de ideas ilustradas y
neoclásicas.
Como respuesta a las nuevas condiciones, en la isla
surgen centros de enseñanza en la Habana, Remedios, Santiago de Cuba, Matanzas,
y Camagüey, todas regidas por órdenes religiosas de dominicos y franciscanos.
En 1689 se funda en la Habana el Seminario de San Ambrosio, luego “Seminario de
San Carlos y San Ambrosio; en 1722 el Seminario de San Basilio el Magno en
Santiago de Cuba y para 1728 se funda la Real y Pontifica de San Jerónimo de la
Habana. En México ya desde el temprano año de 1551 se funda la Real y
Pontificia Universidad de México, que se convirtió en una de las primeras
universidades en América; en 1548 el Colegio de San Juan de Letrán; en 1767
surge el Colegio de las Vizcaínas una de las primeras instituciones dedicadas a
la educación de mujeres. Se pueden mencionar además: la Escuela de Cirugía en
1767; el Real Estudio Botánico en 1788; y el Colegio de Minería en 1792, donde
los principales puestos fueron ocupados por peninsulares.
Este intento por ir desarrollando una expresión literaria con voz
propia, se ve respaldado por las diversas
publicaciones periódicas que contribuyeron a la promoción de la literatura y la
cultura, destacándose: Gazeta de México surgida el 14 de enero de 1784
y editada por el criollo Manuel Antonio Valdés y
Munguía, se enfocaba
en noticias locales e internacionales, pero también incluía ensayos y escritos
literarios que reflejaban las ideas neoclásicas. Fue el primer periódico
impreso en la Nueva España. Sus antecedentes se encuentran en la Gaceta de México
(1722), Gazeta de México (1728) y Mercurio de México (1740). Otra publicación
que circuló a finales del
siglo XVIII y promovía el intercambio de ideas y noticias, además de dar
espacio a la literatura y las artes fue el Correo de México.
Mientras que, el Diario de México fundado el 1 de octubre de 1805, fue
considerado uno de los más influyentes de su tiempo, convirtiéndose en un
vehículo difusor para escritores y pensadores neoclásicos, quienes en sus
páginas difundían sus ideas y trabajos literarios; fue también el espacio
idóneo para la publicación de las obras literarias de los integrantes de la
Arcadia Mexicana, quienes le otorgaron un perfil literario. Sus colaboradores
eran en su mayoría criollos ilustrados que se identificaban con las ideas
independentistas y además El Pensador Mexicano, fundado en 1812 por José
Joaquín Fernández de Lizardi, que destacó por sus críticas sociales y
políticas, además de su contenido literario.
En el caso de Cuba también surgen importantes publicaciones como: La Gazeta de la Habana: fundada
en 1782 y considerado el más antiguo periódico cubano que se conserva, ya que del
periódico titulado: El pensador (1764), no se han encontrado otros datos. El
primer número de la Gazeta, aparece el 8 de noviembre de 1782, aunque estaba bajo control del gobierno colonial, fue influenciada por
el movimiento ilustrado y llegó a publicar textos sobre ciencia, economía y progreso
social, temas que reflejaban las ideas de la Ilustración europea, lo que
permitía una leve circulación de estas ideas en la isla, aunque de manera
limitada y controlada. Otro de los periódicos importantes fue: El Papel Periódico de la Habana, fundado el 24 de octubre
de 1790, jugó un papel crucial
en el desarrollo de la prensa cubana. Fue impulsado por la Real Sociedad
Económica de Amigos del País de La Habana, organización ilustrada que buscaba
promover el progreso social, económico y educativo en la isla.
Intelectuales y
figuras prominentes de la época fueron sus colaboradores; pudiendo mencionar a
José Agustín Caballero y Francisco de Arango y Parreño, quienes promovieron
ideas ilustradas y reflexionaron sobre los problemas económicos y sociales de
la isla, lo que le dio un carácter distintivo y un alto nivel de calidad
literaria y científica.
Durante el período en ambos países surgieron academias
literarias e instituciones culturales que jugaron un papel clave en la
promoción de los valores y principios de este movimiento, ya que se
convirtieron en un espacio para la reflexión crítica y el intercambio de ideas,
formando a escritores e intelectuales que sentaron las bases para los
movimientos literarios posteriores en América Latina.
Sin poder
determinarse la fecha exacta de su fundación, surge la Arcadia Mexicana
aproximadamente el 16 de abril de 1808, aunque se declara solemnemente
inaugurada en México el 22 de enero de 1886. El Diario de México, se convirtió
en el órgano difusor de sus actividades y objetivos.
Según Ruedas de la
Serna (2008):
Las arcadias tuvieron
como característica general el haber surgido espontáneamente de la sociedad
civil, rompiendo con la tradición de las agremiaciones conmemorativas de la
colonia, siempre convocadas y controladas por el poder virreinal o de la
Iglesia. Siguieron por lo común el modelo de la Arcadia de Roma, que se creó
espontáneamente en 1690, a la muerte de la reina Cristina de Suecia. (p. 337)
Los poetas que
incursionaron en las páginas del Diario eran jóvenes, de veinte a treinta años,
cuyo ejemplo sería la figura de Manuel Martínez de Navarrete y que luego se
identificarían con las ideas de la lucha por la independencia mexicana. Dentro
de sus objetivos se contemplaban: alejarse del lenguaje barroco que hacía acto
de presencia en la poesía de entonces, pronunciándose por un lenguaje claro y
coloquial que expresara de forma sencilla los sentimientos del ser humano, y
con esto una vuelta al buen gusto, rechazando la presencia literaria del
barroco. Lo interesante de este grupo de escritores es que se preocupaban por
situar las letras mexicanas a la altura de lo que se hacía en la metrópoli,
demostrando la existencia de poetas cuyas obras hablaban por sí solas de la
calidad que las caracterizaba.
La búsqueda de una
identidad propia, la diferenciación con España fue el mayor logro de esta
institución, que buscó alertar sobre la calidad de las obras literarias
representativas de nuestro continente y que las mismas se encontraban a la altura
de la literatura europea.
Así, con la conciencia
de comenzar a definir una identidad propia, los poetas del Diario utilizaron
palabras como jacal, manta, ixtle, tilma, petate, ayate,
pulque, o hicieron amplias referencias a la fauna mexicana; así, zopilotes,
guajolotes, cenzontles, loros y chichicuilotes, poblaron sus textos. (Martínez
Luna, 2004, p. 402)
En Cuba también existieron instituciones y sociedades
que actuaron como academias literarias durante el neoclasicismo, siendo la más
importante la Real Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana (1793).
Aunque su enfoque principal era promover el desarrollo económico, la educación
y el progreso social, también desempeñó un papel crucial en la vida literaria y
cultural de la isla. En sus espacios se organizaban tertulias, conferencias y
concursos literarios en los que se debatían ideas de la Ilustración y se
promovían valores neoclásicos como la razón y la moralidad.
Estas actividades contribuyeron a la formación de
escritores y pensadores cubanos, quienes discutían sobre literatura, ciencia, y
temas filosóficos, promoviendo un estilo literario que exaltaba la claridad, el
orden y la utilidad. Entre los intelectuales y literatos asociados a la misma
se encontraban figuras como José Agustín Caballero y José María Heredia,
quienes contribuyeron a consolidar una literatura cubana influenciada por el
neoclasicismo y orientada a la creación de una identidad nacional.
Ambas instituciones
actuaron como vehículos para las ideas ilustradas y neoclásicas en América
Latina, fomentando una literatura comprometida con el desarrollo educativo,
moral y social de sus respectivos contextos. En un momento de transición entre
la colonia y los movimientos independentistas, estas instituciones ayudaron a
consolidar una conciencia cultural criolla, además de establecer un puente
entre el neoclasicismo europeo y las realidades latinoamericanas.
En medio de este contexto en ambos países se
desarrolla la corriente literaria del neoclasicismo, que formará parte de la
historia literaria hispanoamericana. La poesía adscrita
a los cánones neoclásicos, floreció en casi todos los países, destacándose las
obras del ecuatoriano José Joaquín Olmedo (1780-1847), el venezolano Andrés
Bello (1781-1865), el cubano José María Heredia (1803-1839), quién cabalga entre los dos movimientos, entre
los poetas neoclásicos centroamericanos encontramos a Rafael García Goyena,
Matías de Córdoba, y Simón Bergaño y Villegas todos
de Guatemala, sumándose a la lista José Trinidad Reyes de El Salvador.
Al mismo tiempo se creó
el mito nacional sobre el gaucho como una persona bárbara, alejada de la
civilización, que vive de modo inaceptable e incorregible, robando. Nos parece
que la poesía gauchesca fue un intento de los escritores para dar la imagen
real de los gauchos. (Luque Akrap, 2022, p.11)
Este autor destaca
la obra del uruguayo Bartolomé Hidalgo (1788-1823),
quién inicia este género en el que el gaucho irrumpe como protagonista en la
literatura, con sus costumbres, tradiciones, un ser hasta el momento marginado
y que a través de esta poesía es reivindicado; sus antecedentes se encuentran
según varios críticos en los romances, coplas y canciones españolas traídas por
los conquistadores, que fueron transmitidas por vía oral, adaptándose a una
nueva realidad: la americana (Luque Akrap,
2022).
Esta literatura entonces cantará a la tierra, al amor a la independencia, a la
exaltación de figuras patrióticas en su lucha por liberar la América, como
podemos apreciar en La Victoria de Junín, al Olmedo expresar: Nosotros
vimos de Junín el campo/ vimos que al desplegarse / del Perú y de Colombia las
banderas/ se turban las legiones altaneras/ huye el fiero español despavorido/o
pide paz rendido/ Venció Bolívar y el Perú fue libre. (Edmée
Álvarez, 1973, p. 208)
Esa tierra que vio nacer al criollo, será ahora también protagonista, es
la tierra que según Andrés Bello brinda los frutos: Tú das la caña hermosa/ de
dos la miel se acendra/; o la tierra escenario de luchas y de triunfos: de los
que vencedores superaron/ de los Andes la cuima/ de los que, en Boyacá, los que
en la arena/ de Maypú, y en Junín, y en la campaña/
gloriosa de Apurima, / postrar supieron al León de
España. (Edmée Álvarez, 1973, p. 206)
Siendo esta la tierra que honra a la
familia, que le brinda cobijo, es la tierra escenario de luchas, es la tierra
que cada americano debe defender.
Los escritores neoclásicos hispanoamericanos al igual que los europeos,
se inspiraron en los autores griegos y romanos, con una fuerte orientación
moral y educativa, buscando instruir al lector sobre valores éticos y sociales,
predomina el uso de la razón sobre los sentimientos, reflejando el espíritu de
la Ilustración.
En el artículo de Friedhelm Schmidt-Welle, titulado: Romántico y neoclásico:
Proyecciones y límites de dos conceptos europeos en México y Centroamérica. El
autor explora cómo los conceptos literarios y estéticos del neoclasicismo y el
romanticismo, originados en Europa, no fueron adoptadas de manera uniforme en
América Latina; sino más bien, reinterpretados según las circunstancias
culturales, sociales y políticas de la región. Por ello, el neoclasicismo
literario en este caso refleja una apropiación de forma selectiva de las ideas
europeas, que fueron adaptadas para abordar las realidades locales, permitiendo
así la construcción de un proyecto literario y cultural independiente.
Los autores
neoclásicos defendían la idea de que el arte debía tener una función educativa
y moralizante, promoviendo valores que beneficiaran a la sociedad y entre las
características generales presentes en ambos países se encuentran: la imitación
de los modelos literarios grecolatinos en géneros como la poesía, el ensayo y
el teatro, la claridad en la expresión y el apego a la razón a través de un
lenguaje sencillo y directo, con obras que encerraban una función educativa y
moral, buscando promover valores éticos y sociales.
Uno de los principales puntos comunes entre el
neoclasicismo mexicano y cubano es la exaltación de la razón, principio
fundamental del movimiento en general; en ambos países, esta literatura
promovió el uso de la razón como guía para la conducta humana y como medio para
alcanzar el progreso social. El énfasis en la racionalidad se tradujo en obras
que destacaban la importancia del orden y la armonía, tanto en la forma
literaria como en el contenido.
En México, la literatura neoclásica comenzó a
reflexionar sobre el pasado prehispánico y la realidad criolla, integrando
estos elementos en una visión de lo mexicano que buscaba distinguirse de la
tradición colonial española, obras como "El Periquillo Sarniento" no
solo ofrecían una crítica de los vicios sociales, sino que también proponía una
moralidad que correspondía a los valores y necesidades del nuevo país en
gestación.
De manera similar, en Cuba, la literatura neoclásica
fue un vehículo para la expresión de un incipiente nacionalismo; escritores
como Zequeira, Rubalcava, entre otros encontraron en la poesía y la prosa la
vía para explorar y exaltar el paisaje cubano, su historia y sus costumbres, en
un intento de forjar una identidad cultural diferente; ya desde entonces, los
autores cubanos neoclásicos empezaron a delinear una cubanidad que más tarde
sería fundamental en los movimientos independentistas.
En la isla, el neoclasicismo literario jugó un papel
importante en la formación cultural de la sociedad, especialmente en el siglo
XVIII y principios del XIX, las obras de este movimiento no solo reflejaban el
estilo y las ideas de la Ilustración, sino que también buscaban educar y
promover valores cívicos y patrióticos.
Esta corriente literaria que refleja tanto la
influencia de la Ilustración europea como las particularidades de los contextos
latinoamericanos, exaltó la razón, promovió valores universales, contribuyó a
la formación de una identidad nacional y cumplió una función educativa y
moralizante; características que no solo subrayan la interconexión cultural en
América Latina durante este periodo, sino que también muestran cómo el
neoclasicismo literario sirvió como un puente entre las tradiciones europeas y
las emergentes identidades nacionales en el Nuevo Mundo.
En
el Diccionario de la Literatura Cubana se afirma que:
(…). El
neoclasicismo es una época de seudónimos, anagramas y églogas, en la que el
artificio se sobrepone a la espontaneidad y al contacto real con la naturaleza
y la vida. Como puede advertirse, en Cuba el neoclasicismo no se corresponde
exactamente -y no podía ser de otra manera- con el español. Cuando el
neoclasicismo se hallaba prácticamente liquidado en España y el romanticismo se
insinuaba claramente, todavía sus cánones regían la producción literaria de
Cuba, en las primeras décadas del siglo XIX. Si para los españoles el
neoclasicismo representa un período literario bastante pobre, entre nosotros
constituye la influencia bajo la cual da sus primeras señales verdaderas la
literatura cubana. (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2025, párr. 40)
El
neoclasicismo literario en México tuvo un impacto significativo en la educación
y la cultura del país. Las instituciones educativas y las academias literarias
promovieron estos ideales, influyendo en la formación de la élite intelectual y
política de la época. Aunque fue reemplazado gradualmente por el romanticismo
en la primera mitad del siglo XIX, (al igual que en Cuba) sus principios de
claridad y didactismo continuaron influyendo en la literatura y la educación
mexicana.
El
neoclasicismo literario en Cuba y México no puede entenderse sin el contexto
histórico que lo rodeó, bajo el dominio de la Corona española, aunque las
condiciones variaban entre estos territorios. En la
segunda mitad del siglo XVIII, tanto Cuba como México eran colonias de España,
sin embargo, presentaban situaciones socioeconómicas distintas que influirían
en el carácter de su literatura. En Cuba, el auge del comercio del azúcar, el
tabaco y el café había dado lugar al surgimiento de una clase económica con
poder, pero al mismo tiempo generó tensiones sociales en torno a la esclavitud,
el colonialismo y la creciente aspiración de independencia. En México, mientras
tanto, se vivía un contexto en el cual la estructura social seguía dominada por
una aristocracia española y criolla, pero las ideas ilustradas comenzaron a
cuestionar las jerarquías y a sembrar el deseo de una autonomía total.
Una
de las principales similitudes entre el neoclasicismo literario en Cuba y
México es la influencia de la Ilustración europea, especialmente en su énfasis
en la razón y la educación como herramientas de transformación social. Los
autores en ambos países estaban convencidos de que la literatura debía cumplir
una función didáctica, orientada a la formación del lector. La poesía y el ensayo fueron los
géneros literarios predilectos en ambos países, ya que permitían a los
escritores expresar ideas filosóficas y morales de manera precisa y directa.
A
pesar de estas similitudes, las manifestaciones del neoclasicismo literario en
México y Cuba presentaron diferencias significativas, que reflejan las
particularidades históricas y culturales de cada país. En México se
desarrolló la novela como género literario, mientras que en Cuba este género
alcanzó su esplendor durante el romanticismo. Esta diferencia se debe, en parte,
al ambiente cultural mexicano, que ofrecía una mayor apertura y diversidad de
géneros literarios, la novela neoclásica mexicana con Lizardi, abordó temas
sociales y patrióticos, explorando la identidad y los problemas del país,
especialmente en el contexto del inicio del movimiento independentista en 1810.
En
cambio, en Cuba, este género no tuvo un desarrollo significativo, pues las
restricciones culturales y la censura colonial impusieron límites a los
escritores, quienes se concentraron en la poesía y el ensayo, que eran más
aceptados por las autoridades y ofrecían una vía menos directa para expresar
sus críticas sociales. En el caso cubano, los autores se enfocaron más en temas
morales y filosóficos, abordando los problemas de la sociedad de una manera más
general y sin un fuerte énfasis en el sentimiento independentista, que surgiría
con mayor intensidad durante el romanticismo.
Conclusiones
En ambos
países el neoclasicismo literario estuvo estrechamente vinculado a proyectos de
reforma educativa y cultural. La poesía y el ensayo fueron los
géneros literarios predilectos, ya que permitían a los escritores expresar
ideas filosóficas y morales de manera precisa y directa.
El
estudio de las similitudes y diferencias entre la literatura del neoclasicismo
literario en México y Cuba ofrece una visión más
completa de la riqueza y diversidad de la literatura en América Latina.
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(2004). La Arcadia en la crisis del
sistema colonia. Serie historia
novohispana - Instituto de Investigaciones Históricas. UNAM, (72), 335-343.
https://biblat.unam.mx/es/revista/serie-historia-novohispana-instituto-de-investigaciones-historicas-unam/articulo/la-arcadia-en-la-crisis-del-sistema-colonial
Conflicto de intereses La autora
declara no tener conflictos de intereses. |
|
Pedagogia y Sociedad publica sus
artículos bajo una https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/deed.es
https://revistas.uniss.edu.cu/index.php/pedagogia-y-sociedad/index
[1] Del náhuatl nahuatl
'El nombre nahua o náhuatl, empleados históricamente por la
población mexicana, designan a un grupo indígena y a un conjunto de lenguas
indígenas estrechamente relacionadas entre sí.
[2] En 1535 fue establecido
el virreinato de Nueva España. Su territorio abarcó una gran extensión cuyo
centro natural sería el valle de México. Los límites del virreinato
comprendieron, por el sur, toda la América Central (Guatemala, El Salvador,
Nicaragua, Honduras y Costa Rica), salvo la gobernación
de Castilla de Oro con la estratégica ciudad de Panamá. Por el este, incluyó al
golfo de México y al mar de las Antillas. Sin embargo, el territorio isleño
compuesto por las pequeñas y grandes Antillas (Cuba, Santo Domingo y Puerto
Rico entre otras), no formó parte de Nueva España, constituyendo gobernaciones
independientes. Al norte, la frontera del virreinato fue avanzando gradualmente
y a medida que las huestes españolas doblegaban la resistencia que oponían los temidos
pueblos chichimecas. La jurisdicción de Nueva España
incluyó, finalmente, gran parte de la zona occidental de los actuales estados
de California, Texas, Nuevo México, Arizona, Utah, Nevada y parte de Colorado,
pertenecientes a Estados Unidos desde 1848. Hacia el oeste Nueva España
limitaba con el Océano Pacífico hasta que se le agregó la administración de las
Islas Filipinas.
[3] Lot. Lat. Horror
al vacío.